En Ventejís duerme el Garoé, el árbol sagrado que destilla gotas de lluvia, como lágrimas por un amor perdido. Por las lomas y valles de este paisaje protegido, solitario, como dormido, paseó Teseida (otras publicaciones recogen que se llamaba Guarazoca o Agarfa. Con todo, se trata de una bonita y arraigada leyenda), una hermosa bimbache que se enamoró de un conquistador español. Y aquí murió, entre la bruma permanente que deambula por sus montañas.

Se cree que, ante la llegada de los conquistadores normandos en el siglo XV, escondieron el árbol sagrado y la bella aborigen, noble entre los bimbaches, los traicionó por estar enamorada de uno de los caballeros, desvelando el secreto. Pasado el tiempo, el árbol fue abatido por una tormenta, hecho que se le relaciona con un castigo de los dioses. Y la hermosa bimbache acabó con su vida por amor y, desde entonces, el Garoé llora su pérdida. Y así lleva siglos de lástima, de dolor profundo, de pena. Y estas gotas que mana el árbol sagrado herreño fueron, precisamente, las que saciaron la sed de un pueblo noble y aguerrido: nuestros antepasados, los bimbaches o bimbapes.

Las piedras de esta zona constituyen la memoria histórica de una de las partes más hermosas de la historia de El Hierro, porque Ventejís también es hermosura y quietud.

Aquí confluyen importantes valores paisajísticos y culturales. Se trata de un paisaje rural armonioso dominado por los típicos muros de piedra seca tan característicos de El Hierro, donde destacan algunos elementos naturales singularizados (conos volcánicos aislados) y -en su extremo oriental- la alineación montañosa del Ventejís.

La caldera de Ventejís constituye la mayor cuenca de recepción en la cabecera del barranco de Santiago que discurre hacia el noreste, fuera del espacio natural.

Alberga, además, el mítico lugar del Árbol Garoé, testimonio histórico y cultural de interés que informa de la potencialidad de la zona como receptor de la humedad del alisio, contribuyendo así a la recarga del acuífero.

Este espacio protegido posee una extraordinaria calidad de elementos naturales y humanos, lo cual configura un paisaje de gran valor. En él se dan cita aprovechamientos agrícolas y ganaderos al estilo tradicional herreño. Estas actividades han ido transformando las características naturales del medio para constituir un paisaje cargado de connotaciones culturales de gran interés.

Este espacio fue declarado por la Ley 12/1987, de 19 de junio, de Declaración de Espacios Naturales de Canarias, como paraje natural de interés nacional de Garoé, y reclasificado a su actual categoría por la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias.

Fuente:  DIARIO EL HIERRO